martes, 21 de enero de 2014

Cómo te echo de menos...

Anoche volvió a pasar, volví a cerrar los ojos llenando la almohada de lágrimas pensando en ti. Empiezo a creer que estoy perdiendo el poco juicio que me han dejado tantas cicatrices. Llevo más cosas por dentro de las que nadie se imagina, y al perderte, me he dado cuenta de lo vacía que me siento. Y me siento vacía porque alguna vez tú llenaste cada uno de los huecos que había en mi vida. Y es que me bastó un mes, sólo un mes, para que todo lo demás dejara de importarme. Me quedé tan ciega cuando apareciste que ahora no soy capaz de ver más allá de algo que no tenga que ver contigo. Elegí tus ojos como ese lugar en el que perderme cada vez que te tenía delante, tu olor como ese que quería llevarme a casa después de una tarde contigo y tus abrazos como la única salida a cualquier día malo.
Por que cuando tú estabas no necesitaba calma después de la tempestad, porque ésta ni existía. Cuando tú estabas, la vida era vida, y era increíblemente preciosa. Ni yo misma entiendo muy bien cómo en tan poco tiempo has podido dejar tanta huella en mí, cómo puedes dolerme tanto si ni siquiera nos dio tiempo a suceder. No hay día que no quiera escribirte, que no piense en volver a intentarlo o que no pida tener la oportunidad de empezar de cero. Y es que cuando me preguntan qué me pasa, sólo recuerdo tu nombre.
Todas las noches sueño que vuelves, que continuamos con la ilusión de esos planes que algún día hicimos y que cuando me levante podré darte los buenos días como siempre y me dedicaré a hacerte sonreír en la distancia. Me estoy obligando a olvidarte, y no hay peor forma de recordar para siempre. A veces, me imagino conversaciones que nunca ocurrieron y te veo mirándome cómo solías hacerlo y te juro que en esos momentos vuelvo a ser yo.
Estaría toda mi vida buscando tu sonrisa aunque tu aún no te hayas dado cuenta de lo mucho que esto merecía la pena.
Cómo te echo de menos…

viernes, 17 de enero de 2014

Que le pregunten a tu sonrisa...

Cada noche soy vulnerable a tu recuerdo, y todos los esfuerzos que hago durante el día para soportar esta tristeza que conlleva echarte de menos, se vienen abajo. Pierdo la cuenta de las vueltas que doy en la cama hasta que consigo dejar  de intentar encontrar el momento en el que todo se vino abajo. Anoche pensé en un día de navidad contigo, en el cine, viendo una película de la cual lo único que recuerdo es el instante en el que me cogiste de la mano y pensé en lo bien que encajaban, y me di cuenta de que quería eso cada día de mi vida, estar tan cerca de ti que me sintiera a salvo de peligros que aún no conocía.

Llevo días preguntándome por qué es tan importante el amor en nuestras vidas y supongo que es por todo aquello que lo compone.  Los pequeños detalles, los instantes que pueden ser muy breves, y sin embargo son capaces de romper todos nuestros esquemas.  Y eso es el amor. Que me pusieras una manta encima al verme temblar de frío cuando sólo llevaba una hora en tu vida, que me eligieras cómo la chica que querías al lado de tu asiento en el coche o que llevaras barba aunque te resultara incómoda porque sabías que me encantaba. Esas pequeñas cosas, lo que yo llamo la importancia de las cosas sin importancia.

Y es que te echo de menos y qué bonito es no querer echarte de más. Me gustaría decirte que te estoy esperando aunque tú no lo sepas, que cada día pienso en que quizás en algún instante, por pequeño que sea, te das cuenta de que me necesitas y que tú también me echas de menos. Y ya no sé si de verdad lo siento o simplemente quiero creerlo. Supongo que necesito pensar que me piensas.
Te echo tanto de menos que ya no sé ni sobre lo que escribo, si del amor o de las razones por las que sólo soy capaz de escribir de ti. Que le pregunten a tu sonrisa, ella es la culpable de todo.

martes, 14 de enero de 2014

Tú y un mes de diciembre

Echar de menos es unas de las sensaciones más bonitas que existen. Es bonito cuando sabes que en un corto plazo de tiempo él estará en tu puerta esperando a que salgas y le saludes con un cálido beso. Es bonito cuando te bañas en perfume para dejarle tu aroma impregnado cuando se vaya o cuando tienes que pensar qué te vas a poner para que después de varios días sin veros, te vea y te diga lo guapa que estás. No es bonito, es precioso.
 
Y una noche cualquiera de diciembre llega alguien que te hace ver que cada uno de los hombres que han pasado por tu vida no merecen ni que se recuerde que existen. Alguien que hace que te des cuenta de que lo que hasta ahora has considerado momentos mágicos con alguien ni siquiera se han ganado tener un sitio en tu memoria. Y es que llegaste tú y dejé de necesitar todo lo demás.
Me bastaron dos segundos para darme cuenta de que iba a querer que estuvieras siempre y después de varias horas teniéndote al lado, supe que algún día iba a echarte de menos. Nunca he creído en los flechazos, eso de que ves a alguien y sientes algo que ni tú misma puedes controlar. Pero me pasaste tú.
 
Te he echado de menos de la forma más maravillosa en que puede hacerse. Con esas ganas de verte que alimentaban cada hora del día, con los nervios que me hacían temblar cuando me decías que en un rato estarías en mi puerta y con la ilusión de saber que con que tan sólo me miraras de la manera en la que lo hacías, todo parecería posible.  Un día te dije que eras un cúmulo de cosas increíbles que hacen imposible no querer tenerte cerca. Esas pequeñas cosas que son solo tuyas y que hacen que queramos a las personas que pasan por nuestra vida. Entre tus cosas están tus ojos, marrones o verdes, según la luz, y que conseguían desconcentrarme hasta tal punto de no escuchar lo que decías, está tu espalda y que no dijeras nada cada vez que te tocaba con las manos heladas, tu manera de contar las cosas poniendo voces o tu manía de abrazarme después de una broma por si acaso me había enfadado. Supongo que todo eso forma parte de la felicidad, y esa es la única palabra con la que podría definir el mes de diciembre contigo.
 
Acabo de meter en una caja los pequeños recuerdos que guardé de una tarde contigo en cualquier bar, el programa de cualquier cine al que fui contigo y el ticket de cualquier cosa que me tomé a tu lado. Y me he dado cuenta de que tengo que aprender a estar sin ti y a echarte de menos ahora que te has ido y no vas a volver. Me cuestan demasiado las mañanas sin tus buenos días y me duele cada una de las noches en las que necesito una palabra tuya que no va a llegar. Nunca creí que podría necesitarte tanto.
Creo que en cada beso y en cada abrazo intentabas decirme que esto no iba a funcionar, y supongo que en tus intentos yo estaba mirando tus ojos y me perdí en ellos, sin escucharte. Superé todos mis miedos y decidí que dedicaría cada día a hacerte sonreír. Pero dejar de lado todo lo que me aterraba no fue suficiente para alejar todos tus fantasmas, esos que te impiden avanzar y ser capaz de hacer feliz a alguien. Y es que nunca te diste cuenta de que yo estaba dispuesta a matar todos los monstruos que existan por ti, y por mucho que te diga lo mucho que me importas, nunca vas a sentirlo, solo podrás imaginártelo.
 
Me hago dueña de unas palabras que no son mías pero que reflejan todo lo que quiero decirte y quizás nunca sepas. “Créeme cuando te digo que tenerte al lado era otra forma de soñar, y que nunca he sido lo suficientemente nada como para pertenecer a algo y aún así, era más tuya que de nadie”. Y ahora yo te digo que prometo estar siempre contigo, aunque huyas, aunque no vuelvas.
 
No olvides que has sido magia en mi vida y que siempre serás mi diciembre favorito.
PD: Te echo de menos Ojitos

sábado, 23 de noviembre de 2013

Confieso que he sentido

 
Hace poco escuché el título del último disco de un cantante español, y era algo así como "Confieso que he sentido".  Y no sé si es por eso que dicen de que la música es una de las artes que más nos invoca los recuerdos, pero enseguida supe que ese título merecía ser el protagonista de la primera entrada de mi recién nacido blog.

Suele decirse que las cosas más importantes son aquellas que no decimos, sea la razón que sea, el rechazo, la vergüenza o el miedo a no saber cómo expresarse. Yo, sin embargo, confieso que he sentido y que lo he gritado a los cuatro vientos, e incluso cuando no merecía la pena ni pararte a pensar como explicarlo. Porque es bueno saber que lo has intentado, que has arriesgado, y que tu yo del futuro no podrá reprocharte que no luchaste por ello, pero también es primordial, sobre todo para tu autoestima, reconocer cuando una persona no merece que quieres que te merezca. Pero aún así, confieso que he sentido. He sentido de esa forma que te hace pensar que ya no eres capaz de esperar a que llegue alguien más con la falsa promesa de que se acerca con el fin de no fallarte. He sentido lo que es echar a alguien de menos, que sin duda creo que es una de las sensaciones más bonitas que existen, y he sentido como el mundo dejaba de serlo para ser tú y él.

Confieso que he sentido, y, que siento miedo. Miedo a que la vida pase mientras observamos cómo los demás sienten hasta la locura, al fin y al cabo, si no se ama con locura, no se ama. No es miedo a la soledad, es miedo a enamorarte de alguien que te haga sentir solo o padecer la peor forma de tristeza que existe, esa que se siente pero no se aparenta.

Por último, confieso que siento pena. Pena de que ya no existan historias que te hagan enterrar tus "yo nunca", y te hagan firmar un para siempre en cada beso. Pena por esa manía de creernos culpables de todo lo que no sale cómo esperábamos. Pena de que a veces nos arrepintamos de haber sentido, cuando nuestro único error es habernos equivocado con la persona, porque si algo en algún momento te hizo feliz no puede ser malo.

Y como he sentido hasta que me ha dolido, confieso que sentir es lo que nos mantiene vivos. Aunque en algún momento de tu vida pienses que has estado ciego para no ver o no querer ver algo que todo el mundo veía, has sentido, y eso es lo que realmente importa.

Y por último, confieso que yo he estado ciega la mayor parte de las veces, que me he echado la culpa por cada historia que acabó, y que he tratado de ser quién no era, ignorando todas las fórmulas para evitar sentir que has fracasado en el amor que he intentado reflejar en estas líneas. Pero como dice Risto Mejide, nada es un fracaso. Es la única forma que tiene la vida de saber si realmente estás dispuesto a luchar por algo.
 
Para todos aquellos que confiesan haber sentido, dejo aquí mi escena favorita de la película "The Holiday".